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Javier Olaskoaga, neurólogo, Para Olaskoaga, la esclerosis múltiple es una de las dolencias que más se están investigando y su curación está cada vez más cerca

Se calcula que en el mundo hay 2,5 millones de afectados, 40.000 en España, 2.200 en el País Vasco y unos 750 en Gipuzkoa. La Esclerósis Múltiple (EM) es una enfermedad que afecta a tres mujeres por cada hombre y es la segunda causa de dispacadidad en jóvenes, tras los accidentes de tráfico. Contra esta dolencia lucha el neurólogo Javier Olaskoaga bajo el lema ‘tolerancia cero’, con el fin de que sus pacientes tengan la mejor calidad de vida durante el mayor tiempo. Responsable de la Unidad de Esclerosis Múltiple del Hospital Universitario Donostia y del Instituto Biodonostia, Olaskoaga habla de los últimos avances.

– ¿Cuál es el perfil de los pacientes que ve en su consulta?

– La mayoría son jóvenes de entre 20 y 40 años, aunque la mayor prevalencia de primeras visitas está en un rango de entre 25 y 35 años. No obstante, también vemos a pacientes que comienzan antes e incluso niños que no han iniciado la adolescencia. En el otro extremo, estarían los adultos que debutan por encima de los cincuenta años.

– ¿Qué síntomas hacen saltar las alarmas?

– Como su nombre indica, en la esclerosis múltiple las lesiones están diseminadas en muchos lugares del sistema nervioso central. Los síntomas pueden ser muy diversos: un paciente puede acudir por presentar borrosidad visual ó visión doble, pero también puede referir un trastorno sensitivo leve en alguna extremidad, en la cara o desde el pecho o el abdomen hacia las extremidades. Otros refieren trastornos de estabilidad al caminar o pérdida de fuerza, o escape urinario que no se logra controlar y no es debido a otras causas. Son más raras pero pueden darse crisis convulsivas, vértigos inhabituales y otros muchos síntomas. Cualquiera de ellos tiene que durar al menos 24 horas o si son transitorios sucederse durante esas veinticuatro horas.

– ¿Se saben las causas?

– Se desconocen. Se cree que debe existir una predisposición genética, en la que están involucrados muchos genes, y sobre esta base diversos factores ambientales como las concentraciones bajas de vitamina D, el tabaco, una dieta rica en ácidos grasos saturados, parece que el aspecto hormonal también influye y algunos virus pueden poner en marcha una respuesta inadecuada de los mecanismos de defensa del organismo, produciendo un daño en la mielina y el axón, que son la prolongación de las neuronas y los elementos por donde se propaga el impulso nervioso. El fallo de este impulso nervioso origina los síntomas.

-¿Cuál es su evolución?

– Un 80% de los pacientes, aproximadamente, inician la enfermedad con recaídas y recuperaciones: son las formas recurrente-remitentes. De estos, algunos van acumulando discapacidad lentamente. Otros, en cambio, un 10%-15%, inician la enfermedad de manera progresiva. Existen también algunos casos, un 5%-10%, de curso benigno.
«Se sabe que sobre una base genética hay factores que influyen como el tabaco o falta de vitamina D»
«La mayoría de los pacientes que vemos por primera vez tienen entre 25 y 35 años»

– ¿Con qué arsenal terapéutico cuentan?

– En el momento actual estamos en plena expansión de nuevos fármacos. Este año ya contamos con dos nuevos medicamentos orales que podemos ofrecer a nuestros pacientes: teriflunomida y dimetilfumarato. También disponemos ahora de otro fármaco, alemtuzumab, más potente y eficaz para formas más activas. Y este mismo año o el próximo a más tardar aparecerán nuevas moléculas, aumentando así la oferta para nuestros pacientes.

– ¿Han evolucionado mucho en los últimos años?

– La evolución de la terapia modificadora del curso de esta enfermedad ha sido impresionante. Hemos pasado de disponer solamente corticoides para los brotes en los años 70, a contar con la azatioprina en los 80, hasta la primera revolución de los interferones y del glatiramero en los años 90. Y ya en el siglo XXI se ha iniciado la segunda revolución con inmunosupresores selectivos y nuevos inmunomoduladores. Dicho esto, también hay que explicar que todos los fármacos que acabo de comentar, aunque han demostrado, en mayor o menor medida, cierto poder neuroprotector, están dirigidos a dianas implicadas en el fenómeno inflamatorio. El futuro está en manos de nuevas moléculas, algunas en fases avanzadas en ensayos clínicos, que aborden de modo más incisivo aspectos como la neuroprotección, la remielinización y la regeneración axonal, bases para frenar e incluso curar.

– ¿Qué resultados están dando los nuevos fármacos?

– Muy buenos. El problema es que también hay pacientes ‘no respondedores’ a ninguno de los fármacos existentes o que progresan desde el principio y para los que no hay tratamientos adecuados. Este es un reto en nuestro día a día y en el de todos los grupos de investigación.

– Por lo que cuenta, se está investigando mucho.

– Sí. En este momento hay un consorcio internacional con implicación de diversos agentes sociales y una importante fuente de financiación a través de gobiernos, fundaciones e industria farmacéutica, con el fin de investigar y encontrar nuevos caminos. Cada vez es más necesaria la implicación de la administración en estos temas, apostando de modo mucho más real con la aportación de medios a la medicina traslacional. La implicación conjunta de investigadores básicos y clínicos y el trabajo en red puede llevarnos a conocer mejor la enfermedad y buscar remedios más eficaces.

– ¿Qué tipo de ensayos están realizando en Gipuzkoa?

– Estamos inmersos en diferentes ensayos clínicos con fármacos novedosos para las formas progresivas y en proyectos que abordan aspectos clínicos como los factores ambientales, vitamina D y tabaco, la búsqueda de herramientas para un abordaje más sencillo de aspectos de déficit cognitivo en estos pacientes, y otros más básicos dirigidos a la búsqueda de nuevos biomarcadores y tratamientos y que lidera David Otaegui el bioquímico dentro de la unidad. En nuestro grupo estamos haciendo verdadera medicina traslacional. Quisiera resaltar la dedicación de todos y cada uno de los componentes de la unidad.

– ¿Está más cerca el día en el que se pueda hablar de curación?

– Indudablemente. Hay grandes esperanzas puestas en la investigación básica y aplicada para lograr no solo frenar, sino también la curación total de la enfermedad.

Fuente    ANE URDANGARIN | SAN SEBASTIÁN